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Respondiendo a tres preguntas para conocer mejor a Jesucristo.

Respondiendo a tres preguntas para conocer mejor a Jesucristo.
Para conocer mejor a Jesucristo será de mucha ayuda responder a tres preguntas. Dos de estas preguntas fueron formuladas por Jesucristo mismo y la tercera fue hecha por Pilato.
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La primer pregunta es la que Jesús hizo a sus discípulos “¿Quién decís que soy yo?” (Mateo 16:15).  ¿Quien es Jesucristo?  Pedro respondió diciendo: “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Pedro sabía quién era Jesucristo. ¿Cómo lo sabía?   “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16:17).

¿Quién decís que soy yo?

Pedro tenía el testimonio que viene por revelación. Cada uno de nosotros debe obtener su propio testimonio de que Jesús es el Cristo, nuestro Salvador y nuestro Redentor. El Padre por medio del Espíritu Santo, nos proporciona ese testimonio. No puede ser adquirido de otra forma.

Difícilmente podremos llegar a conocerle a menos que sepamos claramente quién es Él y que papel juega en nuestra vida, y en nuestra salvación. La expiación es parte central del Plan de Salvación, sin ella estaríamos perdidos. Cada persona debe conocer el efecto que la expiación tiene para su vida.

Él es el único que nos puede comprender cuando sufrimos o cuando nos agobia el pecado, porque Él paso todo eso por nosotros, llevó sobre si no solamente nuestras faltas sino también nuestras enfermedades, nuestros dolores y nuestra angustia.

La segunda pregunta la hizo Jesús a los fariseos: “¿Qué pensáis del Cristo?” (Mateo 22:42).
El Presidente David O. Mckay dijo: “Lo que pensemos sinceramente de Cristo determinará lo que seamos y, en gran parte, cómo han de ser nuestras acciones”. (“Conference Report”, abril de 1951, pág. 93)
 
¿Que pensamos nosotros de Cristo?, en otros palabras que lugar en nuestra vida ocupa Jesucristo,¿Es Él el centro de nuestra vida? ¿Cuánto tiempo en el día pensamos en Él?

¿Qué pensáis del Cristo?



¿Cuantas veces en el correr del día cuando nos enfrentamos a un desafío o alguna decisión importante nos preguntamos: ¿Qué haría Jesucristo en esta situación? ¿Cómo actuaría Él?  Pensar en Él significa convertirlo en nuestro modelo, y esforzarnos por seguir su ejemplo. “Por que aquello que me habéis visto hacer, eso también haréis vosotros” (3Nefi 27:21). La vía mas satisfactoria que una persona puede seguir en esta vida es la de tratar de emularlo.

La tercer pregunta la hizo Pilatos: “¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?” (Mateo 27:22). En otras palabras ¿qué vamos a hacer con Jesucristo?  La respuesta que dio el pueblo fue “Sea crucificado” ¿Cuál es nuestra respuesta? ¿Vamos a crucificarle nuevamente? Cuando no nos arrepentimos de nuestros pecados y cuando de esa forma nos negamos a acceder al poder de su expiación para alcanzar la remisión de nuestros pecados, hacemos que su padecimiento en Getsemaní y en la cruz hayan sido en vano.

¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?

Lo que podemos hacer y debemos hacer es utilizar Su expiación y la gracia que ésta nos proporciona para arrepentirnos, convertirnos a Él haciendo el compromiso de tomar sobre nosotros Su nombre y guardar sus mandamientos.

¿Qué es lo que Él ha mandado?   “Y él manda a todos los hombres que se arrepientan y se bauticen en su nombre, teniendo perfecta fe en el Santo de Israel, o no pueden ser salvos en el reino de Dios” (2Nefi 9:23).

Un mayor conocimiento de Jesucristo se logra cumpliendo con los mandamientos y efectuando las ordenanzas que Él ha proporcionado para la salvación.  Todas las personas deben prepararse para ser dignas de poder entrar un día en el templo y recibir las sagradas ordenanzas que son esenciales para nuestra salvación en el Reino Celestial.

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