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Para las Mujeres: “Mejorar no implica estar más ocupadas”

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Hermana Eubank: Sé que no soy la única que se siente de esta manera. Algunas veces me siento tan abrumada con todo lo que tengo que hacer que me resulta difícil saber qué es lo que debe tomar prioridad. He comenzado a preguntarle al Señor todas las mañanas, “¿Qué es lo que deseas que haga hoy?”. Tiendo a pensar que, si hacer algo es bueno, entonces hacer cinco cosas es mejor, y llegar a diez es sobresaliente. He calculado que, si hago algo bajo inspiración del Señor una vez cada día durante 50 años, al finalizar ese lapso habré llevado a cabo un total de 18250 cosas que el Señor deseaba que se hiciesen, y Él habrá podido contar conmigo en ese número de oportunidades. ¡Y eso no es para nada insignificante! Uno de los sentimientos más grandiosos al irnos a descansar por la noche es poder saber que hicimos lo mejor que pudimos durante ese día. Ofrézcanle este esfuerzo al Señor, “Hice cuanto estuvo a mi alcance. ¿Aceptarías mi ofrenda y la aumentarías a través de la gracia de Jesucristo?”. Luego, al despertar por la mañana podemos intentarlo nuevamente. He aprendido muchas lecciones a través de este proceso - ¡no tenía idea de cuán creativo el Espíritu puede llegar a ser! Algunas de las cosas “simples” que he hecho han consistido en una llamada telefónica, enseñar a niños a jugar Yahtzee, escuchar a una amiga olvidadiza relatar historias que he escuchado previamente, y en una ocasión tomar una siesta.

Aprender a ser instruidas por el Espíritu a fin de saber lo que el Señor desea que hagamos es sumamente importante. Durante su mensaje en la sesión del domingo por la mañana en la última conferencia general, el Presidente Russell M. Nelson nos suplicó que aprendiéramos cómo recibir revelación. Él dijo, “En los días futuros, no será posible sobrevivir espiritualmente sin la influencia guiadora, orientadora, consoladora y constante del Espíritu Santo.” El obtener instrucción espiritual será crítico para nuestro futuro.

Hermana Aburto: Es muy fácil sentirnos abrumadas con todo lo que se nos pide que hagamos. Queridas hermanas, ustedes son maravillosas. Como lo mencionó el Presidente Henry B. Eyring en la conferencia general de abril de 2017, “Mi propósito hoy es [reafirmarlas] así como [vigorizarlas] en su servicio. Tal vez han venido a esta conferencia preguntándose si su servicio ha sido aceptable; y al mismo tiempo, quizás perciban que hay más que hacer, ¡tal vez mucho más!”

Quiero asegurarles que el Señor acepta todos sus esfuerzos. Los anuncios realizados recientemente en cuanto a ministrar de una manera más elevada y santa no tienen como propósito pedirnos que hagamos más cosas. ¡Nuestras listas ya están lo suficientemente llenas! Pero quizás podemos hacer las cosas correctas y simples, aquellas que el Señor mismo desea que se hagan.

Aprendí este principio algunos años atrás. Cuando trabajaba tiempo completo fuera del hogar, tenía la costumbre de hacer largas listas de tareas que había que hacer el sábado – las cuales nunca llegaba a completar. Todo cambió cuando me di cuenta de que no necesitaba hacer tal cosa. A partir de ese momento, comencé a apartar los sábados para dedicar tiempo más importante a mi familia y a dejar las compras o el lavado de la ropa para las noches de los días de semana. Mi consejo a partir de esta experiencia es elegir dos o tres cosas que sean alcanzables y dejar de lado el resto. ¡Dediquen tiempo a divertirse! ¡Disfruten de sus familias! ¡Hagan cosas divertidas con ellas!

Años después, empecé a trabajar desde casa. En primer lugar, pensé que tendría más tiempo, ya que no estaría ocupada con reuniones, ni tendría que trasladarme hasta la oficina o preparar un almuerzo para llevar. No me tomó mucho tiempo darme cuenta de que mis suposiciones no eran acertadas. A pesar de mis esfuerzos por encender mi computadora a las 8 am y apagarla a las 5 pm, nunca parecía haber acabado todo lo que necesitaba hacer. Sentía que nunca podría llegar a los objetivos que me había trazado para cada jornada.

Un día pude ver que nunca terminaría con todo lo que había en las listas que había hecho. Simplemente no era posible. Mi deseo es compartir con toda mujer lo que he aprendido. No es necesario hacer todo, y nunca acabaremos con todo lo que nos gustaría hacer, pero se puede estar en paz con eso y aceptarlo. Hagan lo que puedan cada día, pidan al Señor que llene cualquier vacío que quede, y repitan el proceso cada mañana. En eso consiste una de las maravillas de ser discípulas de Jesucristo – que nunca acabamos con todo, que siempre hay algo más para hacer, y que hay lugar para mejorar constantemente.

Hermana Eubank: El Presidente Eyring dijo, “Es natural sentirse algo [inadecuadas] cuando consideramos lo que el Señor nos ha llamado a hacer. De hecho, si me dijeran que se sienten perfectamente capaces de cumplir con sus deberes… me preocuparía que no los entendieran. Por otra parte, si me dijeran que se sienten a punto de rendirse porque la tarea supera con creces sus habilidades, entonces querría ayudarles a entender la manera en que el Señor magnifica y fortalece a [Sus siervas] para que hagan cosas que jamás podrían haber hecho [ellas solas].”

En la sección 64 de Doctrina y Convenios, comenzando con el versículo 29, se nos reafirma y vigoriza de la siguiente manera:

“De modo que, siendo vosotros agentes, estáis en la obra del Señor; y lo que hagáis conforme a su voluntad es asunto del Señor.” (versículo 29)

“Por tanto, no os canséis de hacer lo bueno, porque estáis poniendo los cimientos de una gran obra. Y de las cosas pequeñas proceden las grandes.” (versículo 33)

“He aquí, el Señor requiere el corazón y una mente bien dispuesta; y los de buena voluntad y los obedientes comerán de la abundancia de la tierra de Sion en estos postreros días.” (versículo 34)

Al buscar la voluntad del Señor y esforzarnos por cumplir con ella, se nos asegura que cada esfuerzo pequeño es aceptado. Todo lo que Él pide de nosotras es un corazón lleno de amor y que estemos dispuestas a compartir ese amor. Todas hemos hecho convenios de “llorar con los que lloran” y de “consolar a quienes necesitan de consuelo”, pero no se espera que suframos al hacerlo. Mejorar no siempre significa estar más ocupadas. Y si hacemos tan sólo una cosa bajo inspiración cada día, todavía somos agentes del Señor.

El Señor no hace nada por accidente. Dios tiene un propósito en todo lo que hace con ustedes. Él acepta nuestros esfuerzos día tras día. Cuando fallamos o nos equivocamos, los brazos de Jesús continúan extendidos para ayudarnos a intentarlo nuevamente.

Perseveren. Oren. Confíen. No necesitan hacer todo.