La emoción de superar todas mis marcas personales

    La emoción de superar todas mis marcas personales

    Desde chica siempre me gustaron los deportes; creo que hace tan bien al cuerpo como a la mente. En el año 2011, comencé a jugar hockey y me gustaba ir a entrenar en equipo; me apodaron “la liebre” por la velocidad con que corría. Asistía la escuela secundaria por la mañana y a la tarde también estudiaba música. 

    Con el tiempo, el grupo de hockey cambió bastante y ya no me sentía cómoda. Nuestro entrenador exigía demasiado y se me hacía difícil. No llegaba a ir a todos los entrenamientos y ya no lo disfrutaba. Así que abandoné el entrenamiento.

    Entonces una amiga de la escuela, me invitó a practicar atletismo. Correr era algo que me gustaba y sentí que allí podría irme bien. Los horarios me permitían continuar con mi estudio de música. Luego de evaluarme, el entrenador vio que tenía potencial y a las dos semanas tuve mi primera carrera. Clasifiqué para un torneo provincial, y luego un torneo nacional.  

    En agosto de 2013 participé de mi primer Torneo Nacional de Cross Country, luego de los juegos Evita en Mar del Plata, y terminé viajando a Chile a los Juegos Binacionales de la Araucanía. Me sorprendió todo lo que pude crecer en ese año y como todo iba de la mano: la escuela, la música, y el atletismo. Además, estaba haciendo seminario diario, y aunque me costaba levantarme temprano, me gustaba ir porque sentía el amor de mi maestra que me apoyaba al enseñarme. Amaba desayunar con mis amigos y llegar con toda la energía a la escuela. Aprendí muchísimo de las Escrituras, y sentía la ayuda de mi Padre Celestial.

    Fortalecí muchísimo mi testimonio de la oración, aprendí a confiar más en Él, y aumentó muchísimo mi fe. Pude ver las bendiciones de la Palabra de Sabiduría. Llevar una vida sana, descansar bien, alimentarme y tomar cosas buenas para el cuerpo, permitía que pudiera tener la energía que necesitaba.
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    En el año 2014, terminé mis estudios, me gradué de Seminario y de la escuela de música. Continué entrenando y compitiendo en atletismo. Hubo momentos en los que las cosas costaron un poco más, pero gracias a mi familia, mis líderes y mis amigos que me ayudaron, pude seguir disfrutando de lo que hacía.

    El año 2015 fue de mucho crecimiento personal. En el deporte pude ver que seguir adelante cuando más cuesta, trae felicidad a futuro. Es hermoso cruzar las metas de las carreras y recordar lo difícil que fue llegar. En la facultad comprobé que cuando uno se esfuerza y al mismo tiempo disfruta de lo que hace, las cosas se tornan más llevaderas. Pero sin dudas, creo que al depositar toda nuestra fe en nuestro Padre Celestial, confiando y aceptando su voluntad, nuestro camino se endereza y podemos superar las pruebas que tenemos.  Finalicé aprobando las materias de la facultad de primer año, y obtuve la medalla de bronce en el Torneo Nacional de Juveniles, en Rosario, y la medalla de oro en los Juegos Binacionales, este año del lado argentino en Neuquén.

    El 2016 continuó con mucha actividad. Comencé con la Conferencia PFJ, donde me reencontré con amigos de la Iglesia de otras estacas y otros lugares. Fueron días impresionantes e inolvidables. Volví feliz y con un testimonio mucho más fuerte. Pero volver a entrenar, no fue tan fácil. Me costó volver al ritmo de entrenamiento y recuperar la motivación que tenía. Me sentía un poco cansada del esfuerzo de los últimos tiempos, y entonces pasó por mi mente la fácil idea de abandonar. Cuando me convocaron para ir a entrenar a Salta por 3 semanas y competir en un Sudamericano en Mar del Plata, dudé en ir, aunque era una oportunidad que me había ganado. Finalmente, con el apoyo de mi entrenador, de mi familia, y otros entrenadores, decidí ir. Fue un momento clave en el que tuve que decidir si quería continuar o no en este deporte.
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    Hoy no me arrepiento; fueron 21 días en los que necesité aplicar todo lo aprendido: el día de reposo, la Palabra de Sabiduría, y muchos hábitos aprendidos en el hogar, como no perder mis cosas, ser ordenada, cocinar, etc. Me gustó, aprendí bastante y entrené mucho. Vi como entrenaban grandes atletas olímpicos, y otros con grandes proyectos. Pude compartir entrenamientos con ellos. Llegué al Sudamericano con muchas ganas de competir y me fue muy bien, mejorando y superando todas mis marcas personales.

    Volví feliz a casa, en donde me esperaba mi familia para festejar. El domingo, volví al barrio Rawson, a cumplir con mi llamamiento como consejera en la Primaria. Fue hermoso ver a los chicos, tocar los himnos en la reunión Sacramental. Más que nunca me sentí muy cerca de nuestro Padre Celestial y de Jesucristo, que me conocen, me aman, y me acompañan. Sé que si nos esforzamos día a día por mejorar, por ser obedientes y hacer lo mejor que podemos, nos ayudan con lo que nos falta y nos bendicen. 

    Paula Martinez compitiendo