Fortalezcamos nuestros hogares

    Fortalezcamos nuestros hogares
    Nací de buenos padres, con fuertes tradiciones familiares, que nos enseñaron normas y principios que sirvieron de base para recibir las verdades del Evangelio restaurado.

    Cuando el evangelio llegó a nuestras vidas sucedió lo expresado por el apóstol Pablo: “Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino más excelente.” (1 Corintios 12:31)

    Al transitar el camino del discipulado se nos van mostrando las prioridades de la eternidad, a fin de que vivamos la vida más abundante prometida por el Salvador. En todas las experiencias vividas al prestar servicio en Su Reino, se enfatiza ampliamente la importancia y prioridad de fortalecer nuestros hogares para llegar a ser familias eternas.

    El Pte. David O. McKay recalcó la importancia del hogar en nuestra preparación: “Con todo mi corazón creo que el mejor lugar para prepararnos para la vida eterna es el hogar…” (“Blueprint for Family Living”, Improvement Era, abril de 1963, pág. 252)

    El Presidente Gordon B. Hinckley expresó: “Nos preocupa la calidad de vida familiar dentro de muchos hogares. El hogar es la cuna de virtud auténtica.  Si los debidos valores no se enseñan en el hogar, es probable que no se enseñen nunca.” (10 Maneras de enseñar valores en el hogar)

    En muchas oportunidades el presidente Thomas S. Monson se refirió a la familia como una unidad fundamental en nuestras vidas: “Un hogar es mucho más que una casa construida de madera, ladrillos o piedra. Un hogar se edifica con amor, sacrificio y respeto. Nosotros somos responsables del hogar que edifiquemos, y debemos edificar con sabiduría, ya que la eternidad no es un viaje corto. En él habrá tranquilidad y viento, luz del sol y sombras, alegría y pesar, pero si de verdad nos esforzamos, nuestro hogar puede ser un pedacito de cielo en la tierra.” (Hogares celestiales, familias eternas. Liahona junio 2006)

    También expresó: “Todos los miembros, aun cuando no se hayan casado nunca ni tengan familia dentro de la iglesia, deben esforzarse por lograr el ideal de vivir en una familia eterna. Eso significa prepararse para llegar a ser cónyuges dignos y padres o madres amorosos. En algunos casos, las bendiciones no se cumplirán en esta vida, pero la meta máxima es la misma para todos.” (Manual 2 – 1.3.3)

    La autosuficiencia personal y familiar es un aspecto fundamental para cumplir con el objetivo de ser felices y exitosos en nuestro paso por esta etapa terrenal. El Señor, a través de sus siervos los profetas y líderes, permanentemente nos recuerda principios que nos ayudarán a ser autosuficientes temporal y espiritualmente.

    Algunos de ellos son: 


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    “Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino más excelente.”




    “Con todo mi corazón creo que el mejor lugar para prepararnos para la vida eterna es el hogar…”


    “Nos preocupa la calidad de vida familiar dentro de muchos hogares. El hogar es la cuna de virtud auténtica.  Si los debidos valores no se enseñan en el hogar, es probable que no se enseñen nunca.”


    “Un hogar es mucho más que una casa construida de madera, ladrillos o piedra. Un hogar se edifica con amor, sacrificio y respeto. Nosotros somos responsables del hogar que edifiquemos, y debemos edificar con sabiduría, ya que la eternidad no es un viaje corto. En él habrá tranquilidad y viento, luz del sol y sombras, alegría y pesar, pero si de verdad nos esforzamos, nuestro hogar puede ser un pedacito de cielo en la tierra.”


    “Todos los miembros, aun cuando no se hayan casado nunca ni tengan familia dentro de la iglesia, deben esforzarse por lograr el ideal de vivir en una familia eterna. Eso significa prepararse para llegar a ser cónyuges dignos y padres o madres amorosos. En algunos casos, las bendiciones no se cumplirán en esta vida, pero la meta máxima es la misma para todos.”




    • Las oraciones familiares. “No hay nada más hermoso en este mundo que ver a una familia orando junta. El dicho que se cita con frecuencia de que ‘la familia que ora unida permanece unida’ tiene verdadero significado.” (Pte. Thomas S. Monson, Liahona marzo 2009)
    • El estudio regular de las escrituras, en especial el Libro de Mormón: “Tengo la certeza de que si en el hogar, los padres leen el Libro de Mormón en forma regular y con oración, tanto solos como con sus hijos, el espíritu de ese gran libro reinará en nuestros hogares así como en los que moren allí. El espíritu de reverencia aumentará, el respeto y la consideración mutuos crecerán, el espíritu de contención se alejará; los padres aconsejarán a sus hijos con más amor y sabiduría. Los hijos serán más receptivos y sumisos al consejo de sus padres. Aumentará la rectitud. La fe, la esperanza y la caridad —el amor puro de Cristo— abundarán en nuestros hogares y en nuestra vida, trayendo consigo paz, gozo y felicidad.” (Pte. Marion G. Romney,1960, citado en Liahona octubre 2011, pág. 52)
    • La Noche de hogar en forma semanal. “La repetición es la clave del aprendizaje. Nuestros hijos necesitan escuchar la repetición de la verdad, especialmente porque abunda tanta falsedad.” (Padres dignos, hijos dignos, Pte. Ezra Taft Benson, Conferencia General octubre 1985)
    • El ayuno y la contribución de generosas ofrendas (DyC 88:76, 59:12)
    • Pagar un diezmo íntegro (Lev. 27:30, 3 Nefi 24:8-11)
    • El trabajo y la educación como medio de lograr la autosuficiencia (DyC 93:36, 88:78-80)
    • El fiel servicio en llamamientos o asignaciones que recibamos (DyC 4:2, Mal. 3:14-18)

    La asistencia fiel a las reuniones dominicales y el tomar la Santa Cena cada semana es otro aspecto clave para asegurar nuestra autosuficiencia como familia.

    Disfrutar de las muchas bendiciones que vienen como consecuencia de asistir regularmente al templo debe estar dentro de nuestros enfoques familiares principales. Al fin de cuentas el summum bonum de todo asunto es que hagamos todos los convenios y las ordenanzas del templo, tanto individualmente como en familia, perseverando y manteniéndonos fieles a los mismos.

    El Elder Boyd K. Packer enseñó que “El propósito fundamental de todo lo que enseñamos es unir a padres e hijos en la fe en el Señor Jesucristo, que sean felices en el hogar, sellados en un matrimonio eterno, ligados a sus generaciones, y asegurados de la exaltación en la presencia de nuestro Padre Celestial.” (La armadura de la fe, Conferencia General abril de 1995)

    Una familia cariñosa y feliz no lo es por accidente. Cada uno de sus integrantes debe cumplir con su parte y como padres debemos estar cuidadosamente atentos a que todos tengan la visión correcta.

    Al concluir testifico que la fortaleza de esta Iglesia está en el testimonio vibrante de cada individuo.



    “El propósito fundamental de todo lo que enseñamos es unir a padres e hijos en la fe en el Señor Jesucristo, que sean felices en el hogar, sellados en un matrimonio eterno, ligados a sus generaciones, y asegurados de la exaltación en la presencia de nuestro Padre Celestial.”