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En el templo hemos sentido Sus bendiciones, Su guía y Su amor

En el templo hemos sentido Sus bendiciones, Su guía y Su amor

El hermano Amilcar H. Giles y su esposa Susana, al igual que los otros misioneros del templo, prestan un dedicado servicio cada día en el Templo de Buenos Aires. Luego de poco más de un año, el momento de regresar a su hogar llegó y a fines de mayo sus familiares y amigos volverán a disfrutar de su compañía en San Nicolás.

Durante las semanas previas a este día,  estaban reacios a hablar de este cambio en sus vidas y es comprensible; no querían que nada les impidiera vivir al máximo esta última etapa del tiempo de servicio en el templo. Muchos días, el hermano Giles terminaba su turno, almorzaba, descansaba un poco y retornaba a hacer la segunda milla, feliz por la oportunidad de hacerlo.

“Con mi esposo teníamos la meta de servir algún día en el templo' –dice la hermana Giles—'pero pensábamos que sería como obreros cuando viajáramos con alguna excursión de nuestra estaca. Fue una gran sorpresa cuando recibimos la invitación de consagrar este año de nuestras vidas. Como experiencia, para mí, fue maravillosa. Siempre tuve dificultades para recordar las cosas y eso me hacía dudar si lo podría hacer. Pero sin ninguna duda, cuando el Señor llama, sabe que lo podremos hacer y con Sus bendiciones y guía pude cumplir”.

Sus comentarios dejan al descubierto sentimientos difíciles de expresar con palabras, y son evidencia de cuánto esta experiencia tocó sus corazones…

Susana continúa: “Vivir al lado del templo es algo indescriptible; es como estar en el cielo mismo. La paz que aquí se siente no se puede conseguir en otro lado. Levantarse todos los días y ver la Casa del Señor tan cerca es algo que nunca me hubiera imaginado. Imposible describirlo.”

Y su esposo agrega: “Abrir nuestra ventana y ver el templo y 'el Moroni', nos llena de gozo. Es una de las muchas cosas que voy a extrañar. Venir todos los días a cumplir con nuestras asignaciones nos ha fortalecido. Nos sentimos más cerca del Señor; sentimos que nos hemos aferrado más al Evangelio. Nos hemos unido como esposos al compartir cada momento e interesarnos más el uno por el otro. Servir como matrimonio es una experiencia inolvidable que recomiendo a todos.”


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 Susana asiente y dice: “Este tiempo de servicio nos permitió vivir muchas experiencias especiales y hoy estamos más unidos como matrimonio. Expresar lo que siento es muy difícil. Mientras no hablamos del final de nuestra misión, no nos acordamos y nos compenetramos en prestar servicio cada día. Cuando los hermanos nos dicen ‘¿así que ya se van?’, tomamos conciencia de que nos tenemos que ir y nos embarga la tristeza. ¡Parece que fue ayer que vinimos; pasó muy rápido! Pero nosotros estamos cerca y seguiremos viniendo periódicamente, y quizás en unos meses, volver…, porque nada podrá igualar estar todos los días…”, y en sus ojos se nota un brillo especial.

‘¿así que ya se van?’

Enseguida continúa: “Pero estamos muy felices por todo lo que vivimos… Estamos muy agradecidos por los buenos hermanos que conocimos y nos dieron tanto amor. De cada uno de ellos me llevo muchos recuerdos. Y nos sentimos muy agradecidos al Señor, porque hemos sentido Sus bendiciones, Su guía y Su amor.”

Al conversar con el hermano Giles, uno puede distinguir también cuánto significaron estos meses de servicio en su vida.

 “El Señor nos preparó el camino y nos llevó de Su mano'--dice. 'Disfrutamos mucho el poder relacionarnos con otros matrimonios misioneros y compartir experiencias espirituales. Prestar servicio a quienes asisten al templo es algo muy especial… interesarnos por ellos y sus historias. Poder ayudarlos en las ordenanzas permite disfrutar de un dulce espíritu.”

“Siempre nos hemos sentido muy cuidados y guiados por nuestros presidentes del templo, primero el presidente Carlos Fernández y ahora el presidente Canga. Ahora nos sentimos tristes y, a la vez, felices. Felices por haber cumplido con el Señor. Agradezco a mi Padre Celestial por haberme dado esta oportunidad de servir en Su Casa. He podido disfrutar cada momento de mi misión, y siempre estoy dispuesto a regresar. Amo a mi Salvador…”

Y quienes pudieron conocerlo en el templo, saben de ese amor, y no dudan en que volverán.