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Eleva tu aprendizaje. ¿Y cómo podré si alguno no me enseña?

Eleva tu aprendizaje. ¿Y cómo podré si alguno no me enseña?
La mesa de educación de la Iglesia, que preside la Primera Presidencia, ha establecido a través de Seminarios e Institutos, cuatro prioridades para ayudar a los alumnos a alcanzar el objetivo, que dice: “Nuestro propósito es ayudar a los jóvenes y a los jóvenes adultos, a entender y confiar en las enseñanzas y en la expiación de Jesucristo, a hacerse merecedores de las bendiciones del templo y a  prepararse ellos mismos, a su familia y a los demás para la vida eterna con su Padre Celestial”.
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Con esa premisa, las prioridades establecidas son:

  1. Unir esfuerzos
  2. Buscar la verdad
  3. Elevar el aprendizaje
  4. Invitar a todos

En esta ocasión me gustaría enfocarme brevemente en la tercera prioridad, “elevar el aprendizaje”, cuyo enunciado también dice “Establezca expectativas y proporcione oportunidades que inspiren a los alumnos a tener experiencias significativas con la palabra de Dios”.

Como una manera de contribuir a lograr el objetivo mediante esta prioridad, la mesa de educación estableció nuevos requisitos de graduación para Seminarios en 2015, y a partir de 2016 para el programa de Instituto.

En resumen, dichos nuevos requisitos son:

  • Asistir a por lo menos el 75 % de las clases.
  • Finalizar la lectura asignada. 
  • Aprobar dos evaluaciones de aprendizaje.
  • Recibir aprobación eclesiástica.

A partir de 2015 para Seminarios y de 2016 para Institutos, la Ceremonia de Graduación en lugar de ser un evento social y de reconocimiento, pasará a ser el resultado de un esfuerzo noble, constante y abnegado a través de los años que reportará un fruto notablemente más sustancioso que el que estábamos obteniendo hasta ahora.
Tal como ha enseñado repetidamente el élder David A. Bednar, cuando visitó nuestra Área semanas atrás, se espera que todos seamos seres que actúan, en lugar de ser seres sobre los que se actúa. (2 Nefi 2:14). El mandato de elevar el aprendizaje, ahora requiere que el joven actúe por sí mismo. El Señor enseñó en DyC 58:26 “porque he quí, no conviene que yo mande en todas las cosas; porque el que es compelido en todo es un siervo perezoso y no sabio; por tanto, no recibe galardón alguno”.


En el Nuevo Testamento, en el libro de Hechos 8:26-31, se encuentra uno de los mejores ejemplos de elevar el aprendizaje:
“Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto. Entonces él se levantó y fue; y he aquí un etíope, eunuco, alto oficial de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros y había venido a Jerusalén a adorar, volvía sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías. Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro. Y acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías y dijo: Pero, ¿entiendes lo que lees? Y él dijo: ¿Y cómo podré si alguno no me enseña? Y rogó a Felipe que subiese y se sentase con él” (Resaltado por el autor).
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“Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto. Entonces él se levantó y fue; y he aquí un etíope, eunuco, alto oficial de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros y había venido a Jerusalén a adorar, volvía sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías. Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro. Y acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías y dijo: Pero, ¿entiendes lo que lees? Y él dijo: ¿Y cómo podré si alguno no me enseña? Y rogó a Felipe que subiese y se sentase con él”

Algunas consideraciones a tener en cuenta:
a- Felipe, en su rol de maestro, se dejó guiar por el Espíritu.
b- El etíope, había asistido a clase, estaba estudiando la asignación, sumido en su evaluación de aprendizaje buscando conocer la doctrina.
c- Al cumplir cada uno su rol –Felipe al ‘acercarse’ al etíope, que incluye prepararse, explicarle y testificarle; y el etíope, en su rol de alumno, estudiando, buscando, preguntando– en ese proceso divino, el Espíritu cumplió su función tan bien detallada en DyC 50:22: “de manera que, el que la predica y el que la recibe se comprenden el uno al otro, y ambos son edificados y se regocijan juntamente”.
d- Finalmente, la historia concluye que el etíope pidió ser bautizado. El resultado de estudiar, comprender y vivir los principios y la doctrina del evangelio de Jesucristo, es precisamente hacer convenios con la deidad a través de las ordenanzas salvadoras. Ese es el propósito de ellas. “Así que, en sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad” (DyC 84:20).





Estimados jóvenes, como alguien que ha sido llamado de Dios, como papá con hijos en Seminarios e Institutos, como un Administrador del Programa, les doy mi testimonio que si se esfuerzan en alcanzar estos requisitos, Dios bendecirá grandemente sus vidas, llegarán a conocer más al Salvador, estrecharán su relación con el Padre y el Hijo, aprenderán a través del Espíritu Santo y calificarán para realizar las ordenanzas salvadoras del evangelio.

Estimados padres, comparto mi testimonio con ustedes, que si apoyamos y sostenemos a nuestros hijos, tal como lo hacemos en tantos otros aspectos de sus vidas, para graduarse en Seminarios e Institutos, contribuiremos a edificar sus vidas y a guiarlos para realizar las ordenanzas salvadoras.

Queridos maestros y líderes, comparto mi testimonio con ustedes, que si cambiamos el paradigma en el modelo tradicional de enseñanza, si les animamos y apoyamos a cumplir los requisitos, la graduación traerá un nuevo amanecer, esto es, jóvenes con capacidad para actuar por sí mismos, para servir misiones honorables, para alcanzar sus metas profesionales, para realizar las ordenanzas salvadoras y edificar el Reino de Dios sobre la Tierra.