El desarrollo intelectual nos lleva a la autosuficiencia

    El desarrollo intelectual nos lleva a la autosuficiencia

    Crecí en un hogar donde el lenguaje del Evangelio, las Escrituras y otros libros ocupaban nuestro tiempo. Donde se aprendía la doctrina y cómo llevarla a la práctica en la vida cotidiana.

    Durante mi adolescencia tuve experiencias sencillas que me permitieron discernir la voz del Espíritu del pensamiento propio. Fueron la base de mi testimonio y de un conocimiento cabal del valor de una idea y de cómo desarrollarla. Al asistir a una escuela técnica, volvía a casa con la invitación a pensar, resolver y hacer. Al mismo tiempo cursaba Seminario y disfrutaba de aprender el Evangelio y su relación con mi propia vida, junto a mis amigos. 

    Al terminar mis estudios secundarios, y asistiendo a Instituto, decidí servir una misión, siguiendo el ejemplo de mis padres. En abril de 1996 partí para Rosario. Fue allí que sentí el deseo de recibir mi Bendición Patriarcal. Recibirla fue una experiencia sencilla y significativa. Ese día conocí al hermano Florencio Otonelli, patriarca de la estaca, y sus palabras impactaron profundamente en mí. Se basaban en otro conocimiento. Se me invitaba a servir diligentemente como misionero, a formar una familia, y también a desarrollarme intelectualmente buscando conocimiento de buenos libros. Esta última parte llamó mucho mi atención. Porque si bien yo tenía ese tipo de motivaciones, ahora estaba más claro lo que el Señor esperaba de mí.

    Familia Marquez
    Familia Márquez en el templo de Campinas

    Al volver a Trelew, Chubut, comencé la carrera de Ingeniería, que finalicé ya casado y con nuestro primer hijo en brazos. Disfruté de esos años el estudiar, trabajar, servir en un llamamiento, compartir con amigos y formar una familia. Durante el último año de ingeniería busqué opciones de postgrados y cursé una especialización en el Instituto Balseiro y la Universidad de Buenos Aires. Fue un año intenso para nuestra familia, viviendo en cinco lugares diferentes, entre Bariloche y Buenos Aires.

    Al terminar decidimos mudarnos a Santa Fe para cursar el doctorado en Ingeniería en la Universidad del Litoral, donde se encuentra el grupo más importante en Argentina de Mecánica Computacional. La vida en Santa Fe trajo nuevos desafíos familiares y de servicio. Finalicé el doctorado con dos hijos y sirviendo como obispo del barrio. Una experiencia emotiva fue encontrarme nuevamente con el hermano Otonelli. Si bien él no me recordaba, estaba feliz de saber que estaba en Santa Fe buscando cumplir las promesas que se me habían dado. 

    Al concluir el doctorado, realicé dos años mas de formación post-doctoral en Santa Fe, incluyendo viajes a Brasil para trabajar con especialistas en el área.

    Hoy me desempeño como investigador científico en CONICET y docente en la UTN en Santa Fe. Esta es una profesión que requiere esfuerzo, motivación y disciplina. En este proceso, seguir la guía de Espíritu es vital para llegar a dar lo mejor de uno mismo. Es necesario ser diligente y realizar mucho de nuestra propia voluntad, para que sea posible percibir cuando algo es más que solo un pensamiento.

    Sé que toda verdad, provenga de donde provenga, es parte del Evangelio de Jesucristo y que esta verdad se recibe '...línea sobre línea...' (D. y C. 98:12) luego de pagar el precio correspondiente.


    'Es necesario ser diligente y realizar mucho de nuestra propia voluntad, para que sea posible percibir cuando algo es más que solo un pensamiento...'

    Santiago Márquez Damián