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Camino a la santidad

Camino a la santidad
El gran profeta Isaías escribió una de las verdades más necesarias para estos tiempos en que los vientos huracanados nos hacen, por un momento, perder el rumbo trazado:
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Buscad a Jehová mientras puede ser hallado,
llamadle en tanto que está cercano.
Porque mis pensamientos no son vuestros
pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice
Jehová
(Isaías 55:6,8).

Buscad a Jehová mientras puede ser hallado,
llamadle en tanto que está cercano.
Porque mis pensamientos no son vuestros
pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice
Jehová

Un hermoso himno refleja el ruego sincero y humilde de un niño que pide con honestidad: 

Hazme en la luz de Su amor caminar
Muéstrame cómo a mi Padre orar.
Quiero vivir como dijo Jesús.
Dime cómo andar en la luz.

Himnos de Sión N° 198

Hazme en la luz de Su amor caminar
Muéstrame cómo a mi Padre orar.
Quiero vivir como dijo Jesús.
Dime cómo andar en la luz.

Muchas veces, esforzados y humildes miembros han caminado por los senderos de la santidad sin darse cuenta de ello. Lamentablemente, los vientos tormentosos de la tentación logran desviarnos, y una vez apartados, nos damos cuenta que anduvimos en suelo sagrado.

Considerando el constante desafío de volver a la senda correcta, es necesario hacer una pausa y saber qué tan aferrados a la barra de hierro nos encontramos.
Mantenernos aferrados, requerirá lograr una autosuficiencia espiritual esculpida y trabajada durante todo el transcurso de la vida. Sin embargo soltarnos, sólo podrá requerir de un sólo segundo. Uno de distracción, de olvido o de curiosidad.


Al registrar en la Guía para el Estudio de las Escrituras, la definición de la santidad, nos dice que es ‘La perfección espiritual y moral. La santidad indica pureza de corazón y de propósito’.

El pecado, ensucia la pureza del corazón y nos conduce paulatinamente a crear un acantilado cada vez más profundo, de difícil salida. 

Es necesario saber entonces, que el verdadero abandono del pecado –traducido en un arrepentimiento sincero– no termina hasta que volvamos a hacer convenios con el Salvador, y esto lo hacemos cuando participamos de la Santa Cena, en el Día de Reposo.

Alcanzar los senderos de la santidad, nos ayudará a poner nuestro tiempo, nuestros talentos y dones a disposición del Señor, para que Él se encargue de modelarnos y llegar a ser Su brazo en la tierra. 

Cada momento de la vida se puede transformar en un punto de inflexión que nos acerque al camino de la santidad. Ese momento bien se podría convertir en la decisión más importante de la vida, debiendo enfrentarlo con toda entereza y firme convicción. Cualquiera sea el momento escogido, ya sea en el despertar de la mañana, en el ocaso de un atardecer o en la quietud de una noche, ese puede ser el momento oportuno de enmendar el rumbo.

Recuerda que “Ninguna arma forjada contra ti prosperará… Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su rectitud viene de mí, dice Jehová” (Isaías 54:17). 

De todos los “establos” que hemos construido, ¿cuál de ellos le hemos reservado al Señor para que descanse Sus pies y lo unjamos con nuestro perfume, aunque éste no sea otro que nuestras lágrimas; para que repose Su cuerpo en nuestros brazos y sanarle Sus heridas? Ello, probablemente, requerirá callar ante la presencia de Dios y escucharlo más.

Que el Señor aún nos conceda el sagrado privilegio de sanar Sus heridas, a través del perdón; calmar Su dolor a través de la ofrenda dada desinteresadamente; aliviar Su agonía, caminando la segunda milla. Mientras tanto, “Tú pues, soporta las aflicciones como fiel soldado de Jesucristo” (2 Timoteo 2:3).

Aunque los años pasen por nuestros cuerpos, “tengamos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” (2 Corintios 4:7).

Ruego que finalmente los caminos escogidos nos conduzcan al Sagrado Templo del Señor, y así sentir que vamos camino a la santidad.