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Mujeres Jóvenes en acción

mujeres jóvenes

Cada miembro debe saber lo mucho que se le necesita. Cada persona tiene algo importante que aportar y posee talentos y habilidades singulares que ayudan a que avance esta importante obra. Nuestros jóvenes tienen deberes del Sacerdocio Aarónico descritos en Doctrina y Convenios que son más bien visibles. Para las jovencitas de la Iglesia, sus padres y sus líderes, puede resultar menos evidente que, desde el día en que se bautizan, ellas tienen responsabilidades adquiridas por convenio de “llorar con los que lloran; sí, y… consolar a los que necesitan de consuelo, y ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en que [estuvieren], aun hasta la muerte”. Las jóvenes tienen oportunidades de cumplir con estas responsabilidades en sus barrios y ramas, y cuando prestan servicio en presidencias de clase, consejos de la juventud y otros llamamientos. Cada jovencita de la Iglesia debe sentirse valorada, tener oportunidades de prestar servicio y sentir que tiene algo de valor con lo que contribuir a esta obra.

Al considerar las funciones que se espera que nuestras jovencitas asuman en un futuro próximo, podemos preguntarnos qué clase de experiencias podríamos proporcionarles ahora para ayudarlas a prepararse para ser misioneras, eruditas del Evangelio, líderes en las organizaciones auxiliares de la Iglesia, obreras del templo, esposas, madres, mentoras y amigas. Ellas pueden comenzar ahora a desempeñar muchas de esas funciones. A menudo se les pide a los jóvenes que ayuden a dar las lecciones en sus clases dominicales. Hoy día nuestras jóvenes tienen a su alcance oportunidades de prestar un servicio, que antes realizaban los obreros de ordenanzas o voluntarios, cuando ellas van al templo con otros jóvenes para efectuar bautismos por los muertos. Actualmente se invita a las niñas en edad de Primaria a asistir a las reuniones de preparación para el templo y el sacerdocio, que las ayudarán a entender que ellas también son participantes importantes en la obra dirigida por el sacerdocio. Ellas están aprendiendo que todos, tanto hombres, como mujeres, jóvenes y niños son receptores de las bendiciones del sacerdocio, y que todos pueden asumir un papel activo en el avance de la obra dirigida por el sacerdocio.

A ustedes, jovencitas de la Iglesia: sus años de adolescencia pueden ser intensos y a menudo desafiantes. Hemos observado que un mayor número de ustedes luchan con problemas de autoestima, ansiedad, niveles altos de estrés e incluso depresión. Mirar hacia afuera en lugar de preocuparnos por nuestros propios problemas tal vez no resuelva todos esos temas, pero el servicio a menudo aligera la carga y hace que los desafíos no parezcan tan duros. Una de las mejores maneras de aumentar los sentimientos de autoestima es mostrar, a través de nuestro interés y nuestro servicio a los demás, que tenemos mucho de valor que ofrecer. Les insto, mujeres jóvenes, a levantar las manos y a servir voluntariamente cuando noten necesidades a su alrededor. Al cumplir con las responsabilidades que han adquirido por convenio y participar en la edificación del reino de Dios, las bendiciones fluirán en su vida, y descubrirán el profundo y duradero gozo del discipulado.

Hermanos y hermanas, nuestras jovencitas son asombrosas. Tienen talentos, un entusiasmo ilimitado y energía, y son compasivas y afectuosas. Ellas desean prestar servicio. Necesitan saber que son valiosas e imprescindibles en la obra de salvación. Igual que el Sacerdocio Aarónico prepara a los jóvenes varones para un servicio mayor a medida que avanzan al Sacerdocio de Melquisedec, nuestras jovencitas se están preparando para ser miembros de la organización de mujeres más grandiosa de la tierra: la Sociedad de Socorro. Juntos, esos bellos, fuertes y fieles hombres y mujeres jóvenes se están preparando para ser esposas y esposos, madres y padres que criarán familias dignas del reino celestial de Dios.

Testifico que la obra de nuestro Padre Celestial es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna de Sus hijos. Nuestras preciosas jovencitas tienen un importante papel que desempeñar en ayudar a cumplir esta gran obra. En el nombre de Jesucristo. Amén.