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Lo que la Biblia nos enseña acerca de la Trinidad: el Padre Celestial, Jesucristo y el Espíritu Santo

Christ

Como la mayor parte del mundo cristiano, los santos de los últimos días (también conocidos como mormones) creen en Dios el Padre, en Jesucristo y en el Espíritu Santo.  Pero, a diferencia de algunos cristianos que creen en el dogma de la Santísima Trinidad, los mormones creen que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son cada uno de ellos un ser distinto.  El Padre y el Hijo tienen cuerpos glorificados de carne y hueso, y el Espíritu Santo tiene solamente un cuerpo de espíritu, pero los tres miembros de la Trinidad están perfectamente unidos en Su propósito y Su amor por nosotros (véase Jeffrey R. Holland, “El único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Él ha enviado”, Liahona, Nov. 2007, 40–42).

Doctrina de los los santos de los últimos días sobre Dios el Padre

Los mormones creen que todo hombre, mujer y niño sobre la tierra es un hijo espiritual de Dios, nuestro perfecto y amoroso Padre Celestial. Dios quiere que cada uno de Sus hijos sea feliz y Él vela por el bienestar eterno de Sus hijos (véase Moisés 1:39).  La doctrina de los santos de los últimos días enseña que todos nosotros vivíamos con Dios como espíritus antes de nacer y que deseábamos ser como Él.  Dios creó un plan de felicidad que permitiría a todos Sus hijos nacer en la tierra para obtener experiencia, ser redimidos mediante la fe en Jesucristo, morir, resucitar y volver a vivir con Él otra vez.  El plan de Dios de centraba en la Expiación de Jesucristo y en la capacidad de los individuos de decidir por sí mismos si seguirían o no el plan.  Dios el Padre no habla a menudo en las escrituras, pero cuando lo hace, es para testificar de Su hijo, Jesucristo (véase Mateo 3:17).  Al conocer a Jesucristo, conoceremos también al Padre (véase Juan 14:9–10).

La doctrina de los santos de los últimos días acerca de Jesucristo

Los santos de los últimos días creen que Jesucristo fue escogido para ser nuestro Salvador mucho antes de que naciéramos.  Aunque Él era el todopoderoso Creador del mundo y el Jehová del Antiguo Testamento, Jesucristo nació en las circunstancias más humildes (véase Lucas 2).  La virgen María fue Su madre mortal y Dios fue Su verdadero padre.  Los Santos de los Últimos Días también creen que al ser la única persona perfecta que haya vivido jamás en la tierra, Jesucristo fue el Único que podía expiar por los pecados y debilidades de todo el género humano.  Él sufrió indeciblemente en el Jardín de Getsemaní y en la cruz, y sabe cómo consolarnos en nuestras aflicciones (véase Lucas 22:41–44).  Siempre hizo la voluntad de Su Padre.  Los santos de los últimos días creen en la enseñanza bíblica de que Jesucristo literalmente resucitó como un ser glorioso y perfeccionado, y que Él regresará algún día para reinar con poder y gran gloria sobre la tierra (véase Principios del Evangelio[2009], 285–89).

La doctrina de los santos  de los últimos días sobre el Espíritu Santo

El Espíritu Santo es el único miembro de la Trinidad sin cuerpo físico.  Su  cuerpo de espíritu le permite transmitir el amor, la paz y el gozo de Dios a Sus hijos en todo lugar.  Tal como la Biblia nos enseña, “el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22–23). La doctrina de los Santos de los Últimos Días enseña que el Espíritu Santo nos puede consolar, enseñar y ayudar a escoger entre lo bueno y lo malo.  El Espíritu Santo también dará siempre testimonio del Padre y del Hijo.  Todos pueden sentir al Espíritu Santo, pero solamente los que se han bautizado y confirmado tienen derecho a tener al Espíritu Santo siempre con ellos.

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