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Somos familia: Ministrando a nuestras hermanas y hermanos

hermanas

Me siento bendecida por tener seis hermanas y dos cuñadas, lo cual significa tener un montón de diversión femenina. Aún cuando somos muy diferentes y no vivimos cerca una de la otra, nos encanta juntarnos y compartir nuestras experiencias individuales.  A través de los años, hemos aprendido a valorar la ayuda y fortaleza; y a apoyarnos mutuamente en las cosas que no somos tan buenas; ya sea ayudando a una hermana a pintar las paredes de su nueva casa, haciendo ramos para ayudar a otra hermana mientras prepara el casamiento de su hija, o intercambiando ideas para cumplir con un llamamiento, cada una contribuye con sus talentos únicos ministrándose mutuamente según las necesidades de la otra.

Cuando pienso en ministrar en la Iglesia, mi deseo es que cada una de nosotras pueda probar este tipo de hermandad, sin importar nuestra edad, nuestra situación o nuestra necesidad. Ansío que cada una pueda sentir la tranquilidad que da el saber que alguien nos entiende y nos ama. Mi esperanza es que cada una pueda experimentar la bendición de ser aquella que entiende y ama; en resumen, que cada una pueda experimentar el ministrar y ser ministrada como el Salvador lo haría.


“Qué es lo que ella necesita?”


Cuando fuimos llamadas como Presidencia General de la Sociedad de Socorro en Abril del 2017, mis consejeras y yo nos tomamos un tiempo para buscar consejo e inspiración acerca de las áreas donde necesitábamos enfocar nuestros esfuerzos. Lo que más fuertemente vino a nuestra mente fue que necesitábamos ayudar a las hermanas a acercarse unas a otras más efectivamente. Como parte de este enfoque, animamos a las hermanas a que se pregunten a ellas mismas: “Qué es lo que ella necesita?” en lugar de dar la lección establecida para cada mes a aquellas que se les pidió visitar. En las revistas de la Iglesia de enero de 2018, fueron publicados los principios de las maestras visitantes para ayudar a las hermanas a entender mejor cómo encontrar las necesidades individuales.  Después que el Presidente Russell M. Nelson fue sostenido como profeta, quedó claro que éste es el momento adecuado para fortalecer a hombres y mujeres para que trabajen juntos ministrando más efectivamente.

¿Cómo hacemos esto? ¿Cómo ministrar como lo hizo el Salvador?


Buscar revelación


En la conferencia, escuchamos a nuestro profeta poner un significativo énfasis en la búsqueda de la revelación personal. Es más, el Presidente Nelson nos instó a que “esfuércense más allá de su habilidad espiritual actual para recibir revelación personal” y prometió que si lo hacemos, los cielos se abrirán. Dios hablará con nosotros. Esto es verdad, especialmente cuando buscamos entender y bendecir a otros.

Con este más alto y más santo acercamiento al ministrar, algunos hermanos y hermanas deben esforzarse para saber si están haciendo una diferencia. Podemos sentirnos exitosos (1) cuando le preguntamos al Señor por dirección y (2) cuando seguimos esa dirección. Cada vez que seguimos esa revelación recibida, sentimos al Espíritu confirmando lo que hemos hecho. Este es un éxito real. Es cuando nos volvemos más como el Salvador y ministramos verdaderamente a nuestros hermanos y hermanas.  

¡Sean pacientes! A medida que oramos con poder buscando el Espíritu, seremos instruídos en cómo ayudar a quienes nos necesitan. Al mismo tiempo, sentiremos en mayor medida el amor de Dios por nosotros mientras estrechamos y aprendemos mejor a escuchar y actuar por medio del Espíritu.


Deliberar juntos en un esfuerzo coordinado


Me encanta el hecho de que ahora la ministración es un esfuerzo coordinado. Los mismos principios de buscar revelación y deliberar juntos en consejos se aplican tanto para las presidencias de cuorum como de la Sociedad de Socorro como compañero ministrante con el propósito de conocer las necesidades. Las presidencias de Sociedad de Socorro y el cuorum de élderes pueden deliberar juntos para decidir ¿“Cuál es la mejor asignación para ayudar a cada familia? ”. Luego, ellos llevan al obispo esas asignaciones para su aprobación. El obispo puede tener alguna información que ellos no tienen y hacer un refinamiento o dos a esa lista de asignaciones.

Los hermanos y hermanas ministrantes que son asignadas a la misma familia pueden deliberar juntos. Una hermana ministrante asignada a una familia puede acercarse al hermano asignado a la misma familia y decir, “Aquí hay una necesidad- cómo podemos trabajar juntos para cubrir esa necesidad?” o a la inversa. A medida que buscan y actúan por revelación, sus esfuerzos serán coordinados, unificados y adaptados a esa necesidad.

Cada tres meses o cuando sea necesario, cada hermano o hermana ministrante se reunirá con un miembro de la presidencia para tratar las necesidades de sus familias asignadas y lo que se ha estado haciendo para ayudarlos. La revelación y el deliberar en consejo son claves en este esfuerzo unido para encontrar las necesidades de las familias e individuos. 

El combinar esos esfuerzos de la Sociedad de Socorro con el ahora reestructurado cuórum de élderes dará lugar a una unidad que puede arrojar resultados sorprendentes. Al trabajar juntas bajo la dirección del obispo, la presidencia del cuórum de élderes y de la Sociedad de Socorro pueden ser inspiradas al buscar las mejores formas de velar y cuidar a cada persona y familia.


Servir con amor y paciencia


En su primer intento al ministrar puede que no obtenga el tipo de resultado que espera. La persona a la que usted debe velar puede que no se ponga de pie de un salto de su silla y exclame, “Oh, estaba esperando que usted viniera!” Esto lleva perseverancia y amor verdadero. Cuando pensamos en el Salvador y en la manera que Él ministró a otros, Él fue paciente y amoroso. Él tuvo compasión por aquellos que estaban luchando con sus circunstancias y sanó al enfermo; Él escuchó al afligido y enseñó la doctrina que trae paz a sus mentes; Él perdonó a otros y demostró una mejor manera de actuar. Él instruyó a Sus discípulos, “He aquí, yo soy la luz; yo os he dado el ejemplo”( 3er Nefi 18:16). En resumen, Su ejemplo es el ejemplo para todos nosotros.

A veces pensamos que tenemos que hacer algo grandioso y heroico para “que cuente” como servicio a nuestro prójimo. Sin embargo, los simples actos de servicio pueden tener efectos profundos en los demás, así como en nosotros mismos.