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Visitantes bienvenidos

Visitantes bienvenidos

Un domingo, un misionero que estaba asignado en una ciudad de la misión Chile Rancagua, notó que un joven desconocido.  Había llegado durante el transcurso de la reunión sacramental. Él había recibido una fuerte impresión de que debía hablar con el visitante después de la reunión, pero no lo consiguió porque el joven ya había salido de la capilla. Lamentablemente, nadie en el barrio pudo identificar al visitante ni tampoco tuvo la oportunidad de hablarle.

Este dulce misionero y su compañero comenzaron a orar diariamente para encontrar a aquel visitante y tener la oportunidad de invitarlo a regresar. Prometieron seguir cada susurro del espíritu que les permitiera ser guiados al visitante. Aproximadamente una semana más tarde, fueron inspirados a cancelar sus citas y pedalear en sus bicicletas por una hora hasta llegar a una parte remota de su área de proselitismo.

Después de algunas horas de interactuar con la gente, fueron guiados a las afueras de la ciudad, literalmente a una casa en particular. Cuando ellos llamaron “¡Aló!” a los residentes, de improviso salió a recibirlos el mismo joven por el que habían estado orando. Inmediatamente abrazó a los misioneros y les dijo que era miembro de la Iglesia, que no había ido en años, que estaba intentando cambiar su vida. De esta manera el visitante había sido hallado y fue evidente para él que su amoroso Padre Celestial no lo había olvidado.

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En las capillas de todo el mundo tenemos el cartel de “Visitantes bienvenidos”, no solo porque es bueno tenerlo, sino porque cumple con la instrucción registrada en las escrituras, la cual hemos recibido del Señor y de sus siervos.

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis” (Mateo 25:35).

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos con los santos, y miembros de la familia de Dios” (Efesios 2:19).


Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis.

Mateo 25:35

De hecho, el Señor nos ha ordenado que recibamos a todos en nuestras reuniones sacramentales (Véase DyC 46: 3-6). Podemos hacer esto prestando atención a los nuevos visitantes y haciendo lo necesario para que se sientan bienvenidos. Podemos sentarnos con ellos y demostrar interés. Podemos seguir el ejemplo de los misioneros ya citados, para orar y ser guiados a tender la mano para encontrar a quienes el Señor pondrá en nuestro camino, a fin de que todos se sientan amados y bienvenidos.

Debemos asegurarnos de que nuestras acciones reflejen lo que nos enseñan las escrituras. Así, la próxima vez que vea en la capilla a una persona que Usted no conoce, trate de hacer lo siguiente: acérquese con confianza; mírela a los ojos; ofrézcale su sonrisa y salúdela fraternalmente. Entonces, como está escrito en nuestras capillas, los visitantes siempre se sentirán bienvenidos.