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Las 3 “P” que cambiaron mi perspectiva de hablar con Dios

¡No te necesito!

A un padre, esas palabras sí que lo pueden lastimar. Especialmente porque en la mayoría de los casos, esa declaración simplemente no es verdadera. Mi hijo de 4 años, quien me dijo esas palabras con cada gramo de confianza e independencia que pudo reunir, de hecho, me necesita cada día, pero, con cada nueva cosa que él aprende a hacer por sí mismo, su dependencia en su mamá disminuye, y frases como: “YO SÉ”, “yo puedo hacerlo” y mi favorita: “No te necesito”, salen de su pequeña y dulce boca.

La verdad es que él puede hacer las cosas. Cada día él puede hacer más cosas. Pero él no puede hacer todas las cosas. Y esta verdad me hizo pensar más profundamente acerca de mi relación con Dios, al que considero como el Padre de mi Espíritu, mi amado Padre en los cielos, quien está más interesado por mí (probablemente mucho más) que lo que yo estoy por mi hijo. ¿Cuán a menudo estoy como mi hijo de 4 años dependiendo únicamente en lo que yo sé, en lo que he aprendido y en lo que yo pienso que puedo hacer “por mi cuenta”? ¿Cuán a menudo trato de hacer todo por mí misma? ¿Cuán a menudo yo esencialmente digo: “¡no te necesito!” cuando elijo no orar a Dios? Para ser honesta, este es un problema. Este ha sido mi talón personal de Aquiles, el cual he tratado de superar durante mi vida entera. Yo estoy ocupada. Estoy cansada. Las cosas parecen estar bien en mi vida, entonces, ¿por qué orar? ¿Por qué cada mañana? ¿Por qué cada noche? ¿Importa esto realmente?

orando

Durante un tiempo de auto-reflexión y estudio, llegué a estos tres principios que yo he llamado mis tres “P” para orar. Ellos me han ayudado a cambiar mi perspectiva acerca de la oración, el por qué la necesitamos y por qué es absolutamente necesario en el mundo de hoy.

La oración tiene un propósito

Recientemente, estaba sentada en una clase de Fortalecimiento para el Matrimonio y la Familia, cuando la maestra recalcó la importancia de la buena comunicación para una relación saludable. Cuando entendemos que nosotros somos hijos de Dios y que Él es nuestro Padre amoroso, entonces, al igual que cualquier otra relación familiar, la oración absolutamente tiene un propósito.    

Este es un medio de conexión para nosotros, para compartir nuestros altos y bajos con nuestro Padre. Es como hablamos con Él; es como nos enlazamos en una buena comunicación. Dios puede saber todo, pero no creo que eso lo convierta en un sabelotodo.


'Dios puede saber todo, pero no creo que eso lo convierta en un sabelotodo.'


 Él quiere escuchar acerca de nuestra vida según nuestras perspectivas. Él quiere articular nuestras alegrías, nuestras penas, nuestras preguntas, nuestras preocupaciones, cosas que solamente nosotros podemos expresar. Él quiere que conversemos con Él para que pueda conocer dónde están nuestros corazones, y entonces nosotros podamos llegar a conocer el Suyo.

Me encanta esta declaración del diccionario Bíblico:

 “La oración es el acto mediante el cual la voluntad del Padre y la voluntad del hijo entran en correspondencia la una con la otra. La finalidad de la oración no es cambiar la voluntad de Dios, sino obtener para nosotros y para otras personas las bendiciones que Dios ya esté dispuesto a otorgarnos, pero que debemos solicitar a fin de recibirlas”.

Sí, la oración es el conducto por el cual Dios puede escuchar nuestros deseos y garantizarnos las bendiciones prometidas. Pero me encanta esa descripción de que la oración es también como la unión de nuestra voluntad con la voluntad del Padre. La oración es la manera en que nosotros podemos llegar a entender nuestro propósito en esta vida y del Plan de Dios para nosotros. A través de la oración, las respuestas que recibimos y nuestra disposición para actuar, cambiamos. Nuestros deseos cambian. Y día a día nos convertimos un poco más como el amoroso Padre que llegamos a conocer y amar por medio de oraciones coherentes y significativas.     

La oración es un privilegio

“La oración es uno de los dones más preciados que Dios ha dado al hombre”, dijo Elder J. Devin Cornish en un discurso titulado “El privilegio de la oración”. Y él está en lo correcto.

La oración es la manera en la cual podemos sentir el Espíritu Santo. La oración es la manera en que podemos silenciar al mundo y sintonizar al cielo. La oración es la manera en que usamos el poder de actuar en el nombre de Dios aquí en la tierra. La oración es el método por el cual los milagros de Dios suceden en nuestra vida. La oración es definitivamente un don.


'La oración es el método por el cual los milagros de Dios suceden en nuestra vida.'


Al pensar que Dios no nos tenía que haber dado todo eso, que nos podría haber dejado solos en esta tierra para que entendiéramos las cosas nosotros solos y a nuestra propia manera, pero que no lo hizo, es porque nos ama. Él nos ha bendecido con el don de orar a Él cada vez que queramos, y este es un privilegio que nunca debemos tomar a la ligera.  

Como relata la Biblia, Daniel fue arrojado en el foso de los leones porque “se hincaba de rodillas tres veces al día” ofreciendo sus oraciones a Dios, aun cuando el rey había firmado un decreto prohibiendo eso. 

Él estaba dispuesto a morir por el privilegio de orar.

Hoy en día, escuchamos historias alrededor del mundo de creyentes que son perseguidos, apresados, y que incluso mueren por sus creencias.

Ellos están dispuestos a morir por el privilegio de orar.

manos

Ir ante la Deidad, literalmente acercarse al trono de Dios en oración, es un privilegio, una libertad que no es siempre concedida y una práctica que todos podemos apreciar y aprovechar más en nuestra vida.

La oración es poderosa

Vemos esto todos los días a través de los medios de comunicación social. Publicaciones como “solicito oraciones”, “oren por mi hijo”, “envíe amor y ore a su manera”. Vemos este tipo de invitaciones a orar, que explotan en las redes sociales y llegan a millones de personas. ¿Por qué? Porque creemos que hay poder en la oración.

Pero se necesita algo más que palabras para que ese poder se arraigue. Eso requiere trabajo. Requiere fe en acción.

“No debemos pensar que cualquier clase de oración, por sincera que sea, será muy eficaz si todo lo que hacemos es decirla”, enseñó el élder Cornish.  “No sólo debemos decir nuestras oraciones; también debemos vivir de acuerdo con ellas. El Señor está mucho más complacido con la persona que ora y luego va y hace su parte, que con aquella que únicamente ora. Al igual que un medicamento, la oración funciona sólo si se usa como se indica”. 


'Al igual que un medicamento, la oración funciona sólo si se usa como se indica.”


Dios, en su amor y su gracia, desea bendecirnos con todo lo que Él tiene. Él quiere que testifiquemos de los milagros en nuestra vida. Él quiere que hagamos las conexiones con el cielo. Y eso solo viene cuando dejamos de creer que podemos hacer las cosas por nuestra cuenta y cuando dependemos mucho más en lo que Él puede hacer por nosotros cada día.

Volviendo a una experiencia personal con mi hijo, después de “nadar” una vez sin sus flotadores, y con el cuidado de una tía cerca de él, ahora se siente confiado de que sabe cómo nadar. Me pelea cuando intento ponerle sus flotadores. Él cree que puede nadar a través de toda la piscina por sí solo. Pero no puede. Yo sé que no puede, no ha tenido suficientes lecciones y práctica. Todavía necesita el sostenimiento que le proveen sus flotadores. 

Del mismo modo, la oración proporciona ese sostenimiento celestial en nuestra vida para protegernos de las aguas turbulentas de la vida, y también nos da la confianza y el flotador que necesitamos para navegar por aguas tranquilas. Nunca sabemos cuándo cambiarán los mares. Nunca sabemos cuándo se volverán profundos y tendremos que esforzarnos al máximo y respirar con dificultad, y rogar por ayuda del cielo para evitar hundirnos.  Y esto es por lo que debemos comunicarnos con Dios, la oración es como nuestros flotadores. A través de ella Dios nos proporciona el sustento que necesitamos, el poder que no siempre podemos ver, y la paz que viene de saber que Dios tiene un plan para mí y que el crecimiento personal es clave. 

Creando Propulsión El presidente Uchtdorf analiza la manera en que la oración puede ayudarnos a lograr una fuerza propulsora espiritual.

La oración tiene un propósito. La oración es un privilegio. Y la oración es poderosa. He visto muchos milagros en mi vida y no puedo negarlo. Como mi hijo, pienso que puedo hacer cosas por mi cuenta, pero no puedo hacer todas las cosas.

Como mi hijo, necesito elevarme para estar sobre el agua cuando la locura y el caos de la vida me golpean. Por lo tanto, en este mundo lleno de incertidumbre, miedo y oscuridad, una diaria conexión con el cielo trae esperanza, luz y amor. Al menos para mí es así. Y por eso como me preparo para hacer un millón y una cosa esta mañana, empiezo mi día con una oración, porque, Padre Celestial, “Yo te necesito”, siempre.

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Irinna Danielson nació en Florida (EE. UU.) y se graduó en la Universidad Brigham Young como licenciada en periodismo impreso. Es esposa y madre de cuatro hermosos niños, y acepta toda la locura que viene con eso.